Optimización espacial para la zonificación de áreas protegidas

La gestión de las áreas protegidas es fundamental para cumplir sus objetivos de conservación.

Algoritmos de optimización territorial para la zonificación de áreas protegidas

La mayoría de zonas Red Natura 2000 y otras figuras de protección no tienen un plan de gestión que marque objetivos claros de conservación y desarrollo socioeconómico. Sin embargo, los planes de gestión son claves para garantizar la eficacia de la Red Natura 2000 en la próxima década y alcanzar los objetivos que persigue la Estrategia de Biodiversidad para 2030.

En la revista Biodiversity and Conservation hemos publicado un estudio donde demostramos una innovadora metodología para la zonificación de áreas protegidas a través del uso de algoritmos de planificación espacial en el Parque Natural del Montseny. Puedes encontrar este artículo científico en https://rdcu.be/cHPWm

Pretendemos armonizar objetivos de conservación y de desarrollo humano:

Especies

Incluimos 96 especies listadas en el Anexo I de la Directiva de Aves y especies y hábitats listados en los Anexos I y II de la Directiva de Hábitats, en los planes especiales y de conservación regionales y en la Lista Roja de la UICN (evaluadas como amenazadas).

Hábitats

Incluimos la distribución espacial de 75 hábitats de interés para la conservación a partir de la Cartografía de hábitats de Cataluña.

Actividades humanas

Incluimos la distribución espacial de 11 actividades humanas: agricultura, pastos,  explotaciones forestales, presión turística, pesca recreativa (con gestión de captura y suelta o sin limitaciones extractivas) y canteras.

Tres zonas de gestión para asegurar los objetivos

En este caso utilizamos las típicas zonas de gestión:

  • Zona de Conservación Estricta
  • Zona de Objetivos Mixtos
  • Zona de Usos Humanos

Sin embargo, en un modelo que pretenda una aplicación real se podrían crear tantas zonas de gestión como se considerase necesario en función de las características de la figura de protección. 

Después cuantificamos la superficie adecuada para cada uno de los objetivos según su ecología. Esta es una tarea muy importante que debe estar basada en el criterio experto y las características específicas de la zona. Conociendo también las relaciones de compatibilidad entre los elementos, podemos maximizar las sinergias y minimizar las incompatibilidades previniendo conflictos territoriales. Es decir, los espacios abiertos que genera la agricultura son fundamentales para muchas aves rapaces, mientras que algunos tipos de turismo son incompatibles con la conservación de algunas especies de fauna.

También establecemos nuestras preferencias de conectividad

Queremos evitar que la zona de conservación estricta se establezca cerca de las infraestructuras humanas para evitar restricciones sobre la comunidades locales.

También queremos que la zona de objetivos mixtos actúe de tampón entre las zonas de conservación estricta y de usos humanos. Con esto queremos reducir los impactos sobre la biodiversidad.

Pero, ¿qué pasa si ampliamos cada vez más la superficie que consideramos adecuada para los usos humanos?

En el GIF podéis ver cómo cambia la distribución de las tres zonas para adaptarse a nuestras demandas en diferentes escenarios.

Las zonas siempre cumplen nuestras preferencias y, a pesar del aumento en la demanda de superficie para usos humanos, la optimización no permite que dejen de conseguirse los objetivos para las especies y los hábitats.

¡ALCANZAMOS UN 92% DE LA SUPERFICIE DESEADA!

Esta metodología es objetiva, flexible, transparente y nos permite realizar ordenaciones territoriales de forma participativa.

Solamente incluyendo a la población podemos construir planes de gestión duraderos y capaces de cumplir de manera efectiva los objetivos de conservación de las áreas protegidas.

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